Es un hecho notable, que los valencianos, tengamos un maravilloso árbol autóctono dedicado a toda la comunidad desde el siglo XVIII, cuando el insigne botánico Cavanilles, fijó su posición taxonómica y filiación botánica, hasta entonces desconocida, dándole un nombre: Quercus valentina. Y así figura en la Flora Europea de Cambridge: Quercus valentina Cav, familia fagadeae. Traducido: Roble valenciano. Roure valenciá. Ver descripción en el Herbario Virtual de la Universitat de les Illes Balears.
Es, pues, el roble de todos los valencianos.
Nos dice el botánico Calduch que "cuando Cavanilles peregrinaba por toda la amplitud de nuestro pais (siglo XVIII), fue justamente en la Serra d’en Galceran, donde le llamó la atención el aspecto sorprendente e inusitado que ofrecían algunas carrascas en el encinar, que desde las mismas paredes del pueblo, se extendían por toda la umbría de la sierra vecina. Y fue una de aquellas carrascas -que no era carrasca- donde encontró características diferenciales suficientes, para crear una nueva especie, y sobre ellos, basó su estudio y descripción consiguiente, denominando a dicho ejemplar tipo: Quercus valentina".
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A esta descripción, el dio estado legal,botánicamente, publicación, en su obra más importante. Un trabajo botánico editado en el año 1793, escrito todo él en latín como era y es de ley, lenguaje científico universal, cuando se describen nuevas especies y hay que darles nombre. El título de la obra en cuestión es muy largo, como era costumbre en la época: "Icone et species plantarum..., en su volumen II, donde se puede leer entre una ampllia descripción:"Este árbol se cría en las montañas del Maestrat... i prope opidium Serra de Engarcerán ... apellatur Roure".
En el año 1945, a raiz de celebrarse el segundo centenario del nacimiento de Cavanilles, se deseaba ya la circunstancia que del antiguo bosque descrito por el universal botánico valenciano, en la Serra d’En Galcerán, solo quedaba un roble, el roble tipo, el ejemplar bautizado por Cavanilles y dos o tres carrascas, según Calduch y otros botánicos.
El resto era ya todo pino de Alepo (pi blanch), que invade y sustituye el carrascal, triste augurio de lo que son ya parte de nuestros montes castellonenses. Y es cuando es ese año 1945 entra en juego el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Castellon. Hombres de aquellas épocas, esforzados, sencillos, sabios, inteligentes y amantes de la naturaleza, como el bótanico Calduch, Fabregat, Alba,Serrano, Cid, Guimerá, etc. Todos ellos gestionaron la compra de este árbol histórico, y la pequeña parcela de terreno que la redea (4 m2), cerrada con modesto ribazo, hoy murete con puerta, cuya llave se guarda celosamente en el pueblo.
Y hoy gracias a aquellos farmaceuticos castellonenses, aún crecen a los pies del roble valenciano y a la sombra de su ramaje, plantas típicas de su cohorte arbustiva y herbácea, "les herbetes que ja va vore florir Cavanilles". Y aquellos versos que le didicó nuestro poeta Miquel Peris:
Hui en Serra d’Engalceran/ a l’ombra del valentina/ Quercus del gran Cavanilles...
El Ayuntamiento ha adecuado recientemente el acceso y mejorado el entorno de esta preciosa reliquia vegetal cuya conservación es función de todos